Visita turística
(Se omiten las fotografías para que su visita le sea una aventura y sorpresa)
Y si cualquier día es bueno para visitar Arabayona, sin duda el más apropiado lo es el festivo, en especial si el visitante es aficionado al buen comer y al buen beber, afición que verá satisfecha con la notable oferta gastronómica que en Arabayona le espera.
Tras visitar la Ermita del Santo Cristo de Hornillos, haga lo propio con la Iglesia de Ntra. Sra. de la Zarza. Admire el Cristo de la Veracruz, su mejor talla, y dese un lento pase por el andén que la rodea en el exterior y que proporciona al visitante la contemplación del paisaje más próximo de la villa, limitada por las suaves ondulaciones entre las que se cobija el pueblo. Este pase es el preámbulo de un recorrido turístico gastronómico por la Villa de Arabayona.
El tapeo lo puede empezar el visitante en el Bar Ramos, a la entrada de la calle Larga, un pequeño local con un estimable variedad de tapas, y en donde a buen seguro podrá el forastero empezar a trabar conocimiento con la hospitalarias gentes de la villa, que ampliará unos metros más adelante en el Bar Sonia Mari, un amplio establecimiento previsto de una larga y bien surtida barra.
Siga el visitante un paseo por la calle Larga, hasta la empinada calle de la Iglesia, ascienda la pina cuesta no sin antes detenerse ante el n: 3 en el que podrá contemplar un escudo en pizarra que corresponde a uno de los Mújica, Señores que fueron de esta Villa desde el siglo XVII, casa que en el siglo XVIII perteneció a un Hijodalgo que fue Comisario de Guerra de los Reales Ejércitos, y siga a mano derecha hasta el final que le marca un alto edificio con fachada de piedra de sillería a la calle Larga, linde a poniente de la casa-palacio que tenía su entrada pro la calle de La Guía, y que perteneció en el siglo XVIII al Conde Marcel de Peñalva, Señor de Arabayona y Sucesor del Mayorazgo que fundara don Rodrigo de Mógica; siga a su izquierda hasta entrar en la plaza Calvo Sotelo, para bajar después por la calle Rosario, inclinada, estrecha, llena de bodegas hasta retomar la calle Larga. Justo a la esquina un edifico inhabitado, de fachada estrecha de piedra de sillería, que sin duda perteneció al estado eclesiástico, precede al Bar de Argimiro. Tómese con calma el aperitivo, y asómese luego a la plaza de España, antigua calle del Pozo, así llamada porque en ella existió un viejo pozo comunal. Vuelva a la calle Larga. Ha entrado el visitante en la parte de aquella que además cumple la impropia función de carretera, y así seguirá hasta que quien deba hacerlo construya la variante que orille el pueblo de Arabayona.
Seguro que antes de traspasar las puertas de Las 2BB le llega el murmullo y tintineo de vasos y jarras que se cruzan en la amplia barra del Bar. Unos metros más adelante a mano izquierda, desembocará el visitante en una plaza de trazado irregular que se prolonga en calle en su lado norte hasta enfrentar el flamante edificio del Consistorio. Ha entrado usted en la Plaza del General Franco, la antigua y ya documentada en el siglo XVII Plaza de la Villa y que ofrece al visitante la ocasión, quizás única en España, de contemplar en la esquina del lado este el retrato de Franco, de uniforme y con gorro de campaña, tras un cristal, ya sucio y estriado por algún cantazo, instalado en la placa de piedravacía de inscripción.
| En el lado oeste, una calle comunica la citada plaza con la de Calvo Sotelo. Es la calle de Los Novios, que debe su nombre a que era la calle que transitaban los novios, recién casados, desde la iglesia hasta la plaza de la Villa, adonde el pueblo los festejaba y se celebraban los primeros bailes antes de la comida nupcial, y en donde los casados escucharían alguna vieja copla de boda, como la tan popular en Castilla y León. |
Sal casada de la Iglesia, Sal casada para verte, Darte la enhorabuena Y que seas feliz para siempre |
Cierra la plaza por el norte, dos de los mas antiguos edificios de la villa de Arabayona, ya existentes cuando la villa era el Lugar de Hornillos. El edificio del lado este, que habita Olegario Tejedor, alberga una inmensa bodega que merece la pena visitar (es privada). La cortesía y amabilidad del propietario facilitará la visita.
Frente a la casa n: 3 de la calle de la Iglesia, un macizo edificio con pico alto, casa propia de los Del Rey Palomero, lo fue en el siglo XVIII del vínculo que fundó don Pedro de la Portilla, y que en el siglo XVIII gozó don Tomás Montes, vecino de Salamanca.
Frente a usted, querido visitante, el nuevo Consistorio, que alberga en sus bajos el local de la Gente Mayor, con amplia sala de reuniones y bar, con puerta de entrada por la Plaza de General Mola, el que ordenó los castigos ejemplares, usted ya sabe. El edificio cilíndrico, en ladrillo, es el depósito de agua. Al frente, amigo forastero, verá una estrechísima calle que le introducirá en el antiquísimo Barrio Gallego, de calles empinadas, calle Cuesta, Santa Agueda, San Agustín.
Por la calle Santa Bárbara salga el visitante a la calle del General Queipo de Llano donde se topará con la Peña el Cencerro con su maravillosa colección de aperos y útiles de la casa rural.
Después, si ha tenido la surte de visitar esta Peña Museo, tómese la última tapa y el penúltimo vasito de vino en el Bar Chaplin. Junto a él, el Mesón Bodega........ Se trata de una bodega restaurada con barras y comedores, y en el que podrá degustar embutidos, quesos, tapas.... en su acogedores comedores.
Y si la visita la hace en día laborable no se le olvide pasar por la panadería existente, en la calle Larga, Casa Conrado, y llévese una muestra de los excelentes mantecados, perronillas y otros dulces que ambos artesanos hacen empleando fórmulas caseras. El horno de casa Conrado, la igual que el de Fernando, conoce cada fin de semana y especialmente los días de fiesta Patronal de verano y otoño y la Pascua, y el Lunes de Aguas, un trasiego continuo de blancas y sonrosadas carnes de lechoncillos, cabritos y lechales, además de hornazos. Saldrán del horno convertidos en tentadores y sabrosos tostados, carnes crujientes en espera de la compañía de un buen vino o buen cava con que regarlos y en los Lunes de Agua, pan arropando tajadas de chorizo y jamón con salpicaduras de y huevo, para el Lunes de Aguas bajo los pinos o en el prado.
Que no sé diga, pues, que la villa de Arabayona de Mógica no presenta al visitante una magnifica oferta gastronómica.
A buen seguro, volverá más de una vez. Y siempre será bien recibido.
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